Thursday, June 16, 2011

LA BELLA Y MISTERIOSA RUSIA



SEIS AMIGOS ECUATORIANOS LLEGANDO AL AEROPUERTO
DOMODEDOVO DE MOSCU EL 29 DE ABRIL DE 2011

Solo han pasado tres semanas desde que regresamos de nuestro viaje a Rusia y los países bálticos, una fascinante experiencia no solamente por la historia, la cultura, la ciencia, el arte, la música, la geografía , la industria y sobretodo por la política, sino principalmente por su gente, esa maravillosa gente que con su esfuerzo y su creatividad han hecho posible los grandes logros de sus países en beneficio de la humanidad entera, a pesar de que ellos sufrieron muchas guerras a través de la historia, desde sus inicios en el siglo nueve de nuestra era.

En las próximas tres o cuatro entregas de mi blog, les contare a ustedes, mis lectores, sobre nuestra maravillosa experiencia durante las tres semanas que pasamos visitando Rusia, el país geográficamente mas grande del mundo, con 17 millones de kilómetros cuadrados (el doble que los Estados Unidos de América) y habitado por 140 millones de personas (diez veces la población del Ecuador).

Les hago un poquito de historia de nuestro viaje: En septiembre del 2010, Fanny y yo invitamos a tres parejas de amigos a acompañarnos en este viaje a Rusia, viaje que lo haríamos a través de Vatange Travel, una agencia de viajes muy prestigiosa con base en Boston. El tour debería comenzar en abril 28 del 2011 y duraría tres semanas. Una vez que nuestros amigos aceptaron acompañarnos en este viaje, los preparativos para el viaje se iniciaron inmediatamente, y duraron hasta casi el día anterior a la salida de nuestros amigos de Guayaquil, Celso Y Silvia Santacruz y Carol y Yolanda Morales, a quienes se les concedió la visa para entrar a los países bálticos solamente dos días antes de su salida a Orlando para unirse a nosotros y desde allí partir a Rusia. Desde Orlando, los Santacruz, los Morales y nosotros los Romero volamos a Moscú vía Washington D.C., mientras que nuestros amigos de Quito, Fernando y Mercedes Rivera volaron desde Quito a Moscú vía Ámsterdam.


Arribamos al aeropuerto Domodedovo, uno de los cuatro aeropuertos internacionales que sirven a Moscú el 29 de abril del 2011, y, contrario a lo que habíamos esperado y para lo cual estábamos preparados, no hubo mal tiempo, había un sol radiante y la temperatura a las diez y media de la mañana era de aproximadamente 18 grados centígrados. VANTAGE se hizo cargo de nosotros y nuestro equipaje desde el aeropuerto. Después de cerca de dos horas de viaje en bus debido al tráfico de salida de Moscú (pues se acercaba un feriado de cuatro días que los moscovitas aprovecharon para salir a sus dachas en el campo), llegamos a nuestro hotel en el centro de Moscú. Este era el Grand Marriott, un hotel de cinco estrellas donde fue alojado el presidente Clinton en 1999, durante su visita oficial a Moscú. El hotel esta ubicado en una de las principales avenidas de Moscú, la avenida Tverskaya, a solo unos veinte minutos de caminata hasta la Plaza Roja, El Kremlin (sede del gobierno ruso) y la famosa Catedral de San Basilio.

Después de unas pocas horas de descanso que nos permitieron superar en algo el letargo del viaje transcontinental, a las nueve y media de la noche moscovita (con claridad de medio día) nos aventuramos por nuestra cuenta a salir y pasear por las calles de Moscú dirigiéndonos por la avenida Tverskaya en dirección hacia el Kremlin y la Plaza Roja.



FANNY Y RAFAEL FRENTE A LAS MURALLAS DEL

KREMLIN, EN MOSCU, EL 30 DE ABRIL DE 2011

Todos recordamos en esos momentos la bella canción de Charles Aznabour que en los años sesenta su autor cantaba a la linda guía rusa Natalie (¨la plaza roja desierta, delante de mi Natalie…, tenia un lindo nombre mi guía… Natalie”). Mientras caminábamos en la avenida Tverskaya podíamos ver en la iluminada avenida los mismos lujosos almacenes de modas que se pueden ver en la Quinta Avenida de Nueva York, en los Campos Elíseos de Paris o en Westminster en Londres, lo cual era una clara indicación de que Rusia vive una economía capitalista después de solo veinte años de la caída del esclerótico comunismo soviiético que le hizo tanto daño a Rusia y al mundo.

Para los cuatro hombres en nuestro grupo, y muy a pesar de nuestras edades (o quizás precisamente por ello), lo que mas nos impresionaba era la belleza y elegancia de las chicas jóvenes de Moscú, en verdad, comentábamos con evidencias cada vez mayores, que no veíamos viejos en las calles de Moscú y nos costaba aceptar que tal vez éramos los únicos. Las chicas eran mas que hermosas, bellas, mas que bellas, bellísimas; todas de tez muy blanca, altas, de pelo rubio o castaño claro, ojos verdes o azules, tacos y minifaldas muy altos, que resaltaban la belleza escultural de sus hermosas piernas, y todas, absolutamente todas, usando un elegante maquillaje que resaltaba su belleza. A ratos nos parecía que Moscú se había engalanado para nuestra llegada, organizando un desfile de modelos y de modas. Claro la imaginación lo permite todo…

Mientras continuamos caminando, de pronto ya podíamos divisar, a lo lejos, las luces de la Plaza Roja y de las murallas del Kremlin. Era como que un sueño se nos estuviera haciendo realidad, ya que a todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas se nos ocurrió que visitar estos lugares iba a ser un hecho normal y alcanzable.




CUATRO AMIGOS ECUATORIANOS

EN LA PLAZA ROJA DE MOSCU, FRENTE

AL KREMLIN Y SAN BASILIO

Tomamos muchas fotos, en nuestro grupo de ocho, los maridos tomaban fotos a sus mujeres, las mujeres tomaban fotos a sus maridos, y todos tomábamos fotos del grupo, todos sentíamos la magia del momento, de estar en un lugar al que muchos quisieran llegar pero pocos pueden hacerlo en sus vidas. Nuestro amigo Carol Morales se compro un gorro de piel como el que usan los cosacos rusos, y se tomo fotos con el. Le vino muy bien esta compra porque al anochecer, a eso de las diez y media, cuando empezaba a caer la noche y la temperatura bajaba a 10 grados, él realmente necesitaba abrigar su cabeza. Mientras caminábamos de regreso a nuestro hotel a eso de la medianoche, empezamos a ver que las calles se llenaban aun mas de gente joven, para quienes la noche recién empezaba, mientras nosotros, cansados íbamos al hotel en busca de reposo. Moscú, como cualquier otra gran ciudad en el mundo capitalista, era en ese momento testigo del movimiento de las masas de jóvenes que se dirigían a las discotecas y centros de diversión, a bailar, a beber y divertirse. Para los jóvenes, la noche recién comenzaba… mientras nosotros ya íbamos directo a nuestras camas, a descansar. Había sido u día muy largo pero hermoso…

Todos nosotros nos sentimos muy contentos de estar allí, de ser parte de nuestro pequeño pero gran grupo de gente que compartía lo mejor de la vida…la amistad en su más pura expresión.

A eso de las diez de la mañana del día siguiente , VANTAGE había preparado un tour de la ciudad para todos los 156 turistas americanos que participábamos en este paseo, con los cuales llenaron cuatro grandes buses de turismo. A nuestro pequeño grupo de ocho ecuatorianos, al que le bautizaron como “grupo Ecuador” se le asignó el bus de la insignia roja, al que se le había asignado un guía turístico ruso de primera, Alexander Kovalenko, profesor de lenguas y de Historia en la Universidad de Moscú.



CUATRO ECUATORIANOS DENTRO DE LAS MURALLAS DEL
KREMLIN, LA SEDE DEL GOBIERNO RUSO

A eso de las diez de la mañana ingresamos en el bus por la entrada sur de la Plaza Roja, por el lado donde se encuentra ubicada la Catedral de San Basilio, con sus gigantescos domos que son un icono y una reliquia de la arquitectura Bizantina Ortodoxa rusa de los siglos 16 al 18, y el templo mas sagrado de la Iglesia Ortodoxa Rusa de los tiempos Imperiales y hasta nuestros tiempos.

Ni la revolución Bolchevique de comienzos del siglo XX (1917-19), ni la violencia antirreligiosa desatada por sus seguidores durante los siguientes setenta años de la “larga noche comunista” que terminó en 1989, tuvieron la valentía para destruir esta obra magna de arquitectura y de fe, que le recuerda al pueblo ruso su amado patrimonio histórico y religioso.

Esa misma noche pudimos ver otra obra magna de la arquitectura rusa, el Teatro Bolshoi, el lugar donde los más grandes artistas rusos del ballet, han sabido mostrar a través del tiempo a su patria y al mundo la grandeza inigualable de su arte. También visitamos la casa donde vivió con su esposa el mas grande poeta ruso de todos los tiempos, Alexander Pushkin, quien a los 35 años de edad murió en un duelo, dejando a Rusia el legado jamás igualado de su grandiosa poesía.





TRES DAMAS ECUATRORIANAS EN MOSCU,

FRENTE A LA ESTATUADEL GRAN

POETA RUSO ALEXANDER PUSHKIN

También pasamos por una serie de monumentos a los héroes rusos de muchas guerras, guerras en que sus hombres dejaron su sangre y su vida para defender a su patria de innumerables agresiones extranjeras, desde los tártaros (que acosaron y sometieron a Rusia por mas de trescientos años), pasando por Napoleón, que llevó su ejercito de trescientos mil hombres(Le Grande Armeé) hasta entrar a la ciudad de Moscú, sólo para encontrarse con una ciudad incendiada y autodestruida por su población (por ordenes del General Kutusov, el comandante del ejercito ruso), hasta los alemanes de Hitler que en 1941 invadieron Rusia, solo para encontrar una resitencia invencible de su valiente y aguerrida población.

También pasamos por muchos puentes sobre el rio Moscú, muchos de los cuales son verdaderas obras de arte arquitectónico, a las que se les han agregado esculturas que les convierten en museos al aire libre para los moscovitas y sus visitantes.

Hicimos también un breve paseo en el Metro de Moscú, una vía subterránea a 50 metros de profundidad, que moviliza más de tres millones de personas al día y en muchas de cuyas estaciones se han colocado obras de escultura y de pintura que les recuerdan diariamente a los moscovitas sobre la grandeza de sus arquitectos, pintores y escultores. Esta obra gigantesca fue construida en la década de los treinta, y sus túneles son tan profundos porque siempre se pensó en usarlos como refugio de la población en caso de guerra. En la segunda guerra mundial, en efecto, estos tuneles sirvieron de refugio para gran parte de la población de Moscú, durante los bombardeos de la artillería y aviación Nazis.

De todos los monumentos, edificios, templos y obras de arte que visitamos en Moscú, es necesario aclarar que (con la gran excepción del Metro), casi todos pertenecen a, o fueron construidos antes de la revolución Bolchevique de 1917, muchos de los cuales han sido preservados por los comunistas, o han sido restaurados después de la caída del régimen soviético, para mostrar su belleza original.

Por otro lado, también pudimos ver algunas de las cosas que construyeron los comunistas soviéticos, entre ellos, una enorme cantidad de edificios que muestran el mal gusto, la falta de criterio y de buen juicio de los comunistas de la era de Stalin, en su intento mal concebido de resolver el problema de la vivienda para la creciente población de Moscú. Son edificios enormes, de cien metros de largo y de cuatro pisos de alto, con departamentos de treinta metros cuadrados, sin cocina, sin baños, sin lavandería, donde debían vivir familias de ocho a diez personas, compartiendo el “lujo de los servicios higiénicos, las cocinas y los baños”, con otros diez o doce apartamentos igualmente sobrepoblados, dando a esta población una vida miserable, llena de angustia y falta de higiene y salubridad. Es solo a mediados de la década de los cincuenta, bajo el gobierno de Nikita Kruschev, que se comienzan a construir nuevos edificios, del mismo tamaño que los anteriores, pero esta vez dotados de los servicios más elementales para una población que nunca se acostumbró a las penurias de sus habitaciones Stalinistas.

La noche del 30 de abril decidimos salir a cenar por nuestra cuenta y solicitamos ayuda a la gente del Servicio al Cliente de nuestro hotel. Nos recomendaron el Restaurant Kitezh, localizado en el sótano de una vieja edificación moscovita cerca del monasterio Petrovsky, en el corazón de Moscú. Este es un restaurant muy conocido de la capital rusa que sirve comida rusa e internacional.



SEIS AMIGOS ECUATORIANOS CENANDO EN MOSCU

Allí nos servimos una deliciosa cena en la que cada uno de nosotros quiso dar rienda suelta a sus preferencias. Unos comimos salmón a la plancha; otros chuleta de cordero a la plancha; otros steak Stroganoff, otros, ternera al vino, en fin, los gustos son variados y no había restricción para ejercerlos. Bebimos vino francés, vodka ruso y otras delicias para la garganta, lo cierto es que salimos satisfechos y felices, habiendo dado rienda suelta a nuestros gustos gastronómicos. De regreso tomamos u taxi para regresar al hotel porque a las diez de la noche comenzaba nuestro paseo de “Moscú por la Noche” en los mismos buses y con los mismos guías.



FOTO DE LA PLAZA ROJA VISTA

DESDE LA CATEDRAL DE SAN BALISIO


Este paseo nos llevo a sitios ya muy conocidos para nosotros, entre ellos, la Plaza Roja, el Kremlin y la catedral de San Basilio, pero esta vez iluminados todos, en preparación para el gran desfile del primero de mayo, fecha muy importante para los rusos desde la época de los soviéticos.

Para el siguiente día, que era un día de fiesta nacional en Rusia y las calles de Moscú iban a estar llenas de gente mirando los desfiles de gremios de trabajadores y de estudiantes, habíamos escogido tomar un paseo opcional al gran Monasterio de Kirillo-Belozersky, el mas antiguo, mas grande e históricamente mas famoso monasterio ortodoxo de toda Rusia, situado a una hora de viaje en el bus de VANTAGE. De eso hablaré en mi próxima entrega.





ALGUNAS VISTAS DE LA BELLA CAPITAL RUSA

A continuación incluyo una breve descripción de Moscú, tomada de Wikipedia, la biblioteca de Google:

Moscú es la capital y la ciudad más populosa de Rusia y de toda Europa. Es un gran centro político, económico, cultural, científico, religioso, financiero y educacional y además el centro del transporte ferroviario de toda Rusia. Es una de las ciudades importantes más septentrionales de la tierra, con una población de aproximadamente 14 millones de habitantes que la convierte en la sexta ciudad más grande del mundo.

Moscú esta situada a las orillas del Rio Moskva (Moscú), en el centro de la Rusia Europea. En el curso de su historia, esta ciudad ha sido la capital de una serie de estados, desde el Gran Ducado de Moscú y los subsiguientes estados gobernados por los zares, la Unión Soviética y la actual Federación Rusa, heredera del estado soviético. Moscú es la sede del Kremlin, una fortaleza antigua que es ahora la residencia de la rama ejecutiva del gobierno de Rusia. Las dos cámaras del parlamento ruso (la Duma y la Cámara de la Federación) también tienen su sede en Moscú

La ciudad es el centro de una extensa red de transporte que incluye cuatro aeropuertos internacionales, nueve terminales ferroviarias (el ferrocarril es el principal medio de transporte ruso), y del famoso Metro de Moscú, segundo en el mundo (después del de Tokio) en el numero de pasajeros que transporta diariamente, y por la variada y artística arquitectura de sus 182 estaciones.

Sunday, April 24, 2011

TIME OUT

A mis queridos lectores les pido un millón de disculpas. Voy a estar ausente de mi blog por aproximadamente treinta cinco semanas. Salgo de viaje a Rusia. Estaré en Moscú, y luego, navegando hacia el norte por el gran Rio Volga y atravesando el lago Onega, visitaremos la isla de Kizhi y la ciudad de Mandrogi, para luego ir a Uglish, Yaroslavl, Goritsy y San Petersburgo, y continuar el viaje hacia a los Países Bálticos (Estonia, Lituania y Latvia), visitando sus capitales, Tallin, Riga y Vilnius.
A mi regreso les hare un resumen y les enviare fotos de nuestro viaje. En Moscú visitaremos El Kremlin, La famosa Iglesia de Santa Sofía, el Mausoleo de Lenin y asistiré al Ballet Bolshoi, una de las cumbres de este hermoso viaje. En San Petersburgo, entre otras cosas, visitaremos el palacio del Zar Pedro El Grande y el gran Museo Hermitage, que ese famoso monarca ruso mando construir a su regreso de Paris, y que es uno de los orgullos más grandes de los rusos. Los críticos dicen que este museo es sólo comparable al Museo de Louvre en Paris.
Hasta luego queridos amigos, lectores y familia, no me olvidare de ustedes durante este largo viaje, y , por favor, ustedes no se olviden de mi.

TIME OUT

A mis queridos lectores les pido un millón de disculpas. Voy a estar ausente de mi blog por aproximadamente treinta cinco semanas. Salgo de viaje a Rusia. Estaré en Moscú, y luego, navegando hacia el norte por el gran Rio Volga y atravesando el lago Onega, visitaremos la isla de Kizhi y la ciudad de Mandrogi, para luego ir a Uglish, Yaroslavl, Goritsy y San Petersburgo, y continuar el viaje hacia a los Países Bálticos (Estonia, Lituania y Latvia), visitando sus capitales, Tallin, Riga y Vilnius.
A mi regreso les hare un resumen y les enviare fotos de nuestro viaje. En Moscú visitaremos El Kremlin, La famosa Iglesia de Santa Sofía, el Mausoleo de Lenin y asistiré al Ballet Bolshoi, una de las cumbres de este hermoso viaje. En San Petersburgo, entre otras cosas, visitaremos el palacio del Zar Pedro El Grande y el gran Museo Hermitage, que ese famoso monarca ruso mando construir a su regreso de Paris, y que es uno de los orgullos más grandes de los rusos. Los críticos dicen que este museo es sólo comparable al Museo de Louvre en Paris.
Hasta luego queridos amigos, lectores y familia, no me olvidare de ustedes durante este largo viaje, y , por favor, ustedes no se olviden de mi.

Tuesday, April 19, 2011

DE VACACIONES ANTES DE VOLVER AL SEMINARIO

DE VACACIONES ANTES DE VOLVER AL SEMINARIO

Pallatanga, ese hermoso valle donde mis bisabuelos decidieron quedarse hace más de ciento cincuenta años, es una tierra bendita. La plaza central del pueblito está ubicada a 1.450 metros sobre el nivel del mar, y está rodeada de pequeños cerros y grandes montañas por tres de los cuatro costados. Hacia el sur-oeste las montañas se abren como un inmenso portón, dando paso a varios pequeños pero rápidos ríos de la cuenca del Rio Chimbo, entre ellos el Güichichi, el Coco, el Chayaguan y el Citado, que cual dedos de una misma mano, unen sus cauces al poderoso Chimbo, que es un afluente importante del Rio Yaguachi, que amansado por el llano tropical, sigue corriendo lentamente a formar parte del Rio Babahoyo que frente a Guayaquil se une al Daule para formar el caudaloso Guayas, el río que plácido lame a la ciudad de Guayaquil. Es por allí donde nace la simbiosis que hizo a Pallatanga un pueblo medio serrano por su geografía pero medio costeño por su producción, por la forma de pensar de su gente, por su visión amplia de la vida, por su afecto y simpatía por Guayaquil y por la costa. Era curioso escuchar a los viejos pallatangueños expresarse como si fueran costeños, como si a pesar de la geografía, ellos pertenecieran al llano tropical. Era lo más normal ver a los pallatangueños interesarse por las noticias de El Universo de Guayaquil, periódico que circulaba al menos tres veces por semana, traído desde Bucay por los Arrieros (un solo ejemplar del periódico circulaba de mano en mano hasta que sus hojas empezaban a romperse). Era a través de este diario que los pallatangueños se informaban de las noticias del mundo. No fue sino hasta bien entrada la década de los cincuenta y cuando los Jeeps ya eran parte de la vida diaria de nuestro pueblo, que El Comercio de Quito comenzó a circular en Pallatanga.

Es a través de los caminos de los arrieros y sus mulas, que siguen casi paralelos al cauce natural de los ríos que llevan su agua fría nacida en el paramo hacia el llano costeño y que termina en el mar, que nace y se desarrolla ese invisible, pero tangible lazo, ese ligamento simbiótico de los pallatangueños con La Costa, con Bucay, con Milagro y con Guayaquil. Ese ligamento, que se fue desarrollando a través de los tiempos, que hizo que los hombres y mujeres de Pallatanga siempre quisieran ir a Guayaquil a buscar nuevos horizontes, a buscar trabajo, a mejorar su situación económica. Fue por esa fuerte simbiosis desarrollada a través de los tiempos y de las generaciones que mi familia empezó a migrar hacia la Costa, hacia “la ciudad que manso lame el caudaloso Guayas” como lo dijera un poeta que amaba y cantaba a Guayaquil. Y en nuestra familia, fue mi madre y su inquebrantable fe en las bondades de la civilización y del progreso de la gran ciudad de Guayaquil, la que nos empujó, uno por uno hacia la gran ciudad donde hicimos nuestras vidas de adultos y a donde volvemos siempre con más amor por ella y por sus causas.

Para la fecha en que yo llegué de vacaciones a Pallatanga, en Julio de 1955, mi mama estaba haciendo planes para trasladarse a Guayaquil en abril del siguiente año, a tiempo para el nuevo año lectivo, llevando a mi hermano Guido, el más chico de la familia para que hiciera el último año de su escuela primaria allá, en el destino final escogido por ella. No obstante su gran amor a Pallatanga y a su gente, mi mama siempre miró a Guayaquil como el destino final para sus hijos, Guayaquil era para ella el lugar que a sus hijos les daría las oportunidades que ellos no podían tener en Pallatanga. Por eso, cuando se acercaba el momento de que su hijo más pequeño requería educación secundaria, para ella ya no había alternativa sino ir con él, para seguirlo guiando por el camino más recto. Ya todos sus hijos estaban en Guayaquil, excepto uno (yo), pero claro, yo estaba en buenas manos, yo estaba en el Seminario, preparándome para hacerme un cura, y eso la hacía sentirse muy segura de mi, mas aun cuando de regreso de los tres meses de prueba, mis calificaciones eran muy buenas y mi actitud hacia el Seminario era altamente positiva.

Fue en estos tres meses de vacaciones que yo, con trece años de edad, cuando empezaba mi adolescencia y empezaba a tomar una consciencia más madura del mundo a mi alrededor y podía tener un criterio menos emotivo y más práctico de la vida y del ambiente en que me desenvolvía, cuando empecé a evaluar en toda su magnitud el valor de mi madre, no solo como tal, sino como mujer, como esposa, como ama de casa, como curadora, como cristiana, como ciudadana, como consejera, como amiga, como pequeña empresaria, como trabajadora, como protectora de los más pobres, en fin, como mujer solidaria con las necesidades de la gente de sus pueblo, pero sobretodo como visionaria, como guía espiritual y sostén material de sus hijos. Si existe una palabra, una sola palabra que pueda definirla a mi madre, la que más se aproxima a su plenitud seria SOLIDARIA. La solidaridad era la estrella que guiaba su vida, su acción diaria, su visión hacia el futuro y su visión cósmica de la realidad diaria. Por eso, cuando pienso que debo hacer para parecerme a ella, porque ella es mi estrella, porque ella es mi guía, porque ella es mi ejemplo a seguir, porque ella, como persona, es la meta a alcanzar, creo que la mejor forma de hacerlo es siendo solidario. Solidario no solamente con mis hijos, con mis familiares, con mis amigos, sino más que nadie, con los que no tienen a nadie en el mundo a quien pedir ayuda, con los más pobres, estén donde ellos estén.

Un dia ordinario para mi madre comenzaba a las cinco de la mañana, ella se levantaba con el despertador natural del campo, con el canto de los gallos, con ese canto que desde muy pequeño, y por unos minutos cada dia, me transportaba al espacio infinito que mis escasos conocimientos de geografía me lo permitían, pero me llevaba muy lejos, soñando que viajaba... Mientras tanto, ella comenzaba preparando su casa para un nuevo dia de trabajo, un dia que no acabaría sino a las nueve o diez de la noche. Prender el fogón de leña para hacer el desayuno era seguramente una de sus primeras tareas después de su aseo personal. Preparar la ropa con la que iríamos a la escuela y la de mi padre para que saliera a su trabajo diario seguía en el orden de su plan del dia. A las seis de la mañana estábamos todos despiertos y nuestra madre era la encargada de asegurarse que nos laváramos la cara y los dientes y estuviéramos listos para empezar la media hora de estudio de las lecciones del dia, después de lo cual debíamos estar listos para el desayuno y a las siete de la mañana estábamos desayunando un café con leche con dos de las deliciosas empanadas que ella mismo hacia para su negocio de panadería.

Una vez atendidos sus hijos y nuestro padre, en los días ordinarios, ella empezaba su dia de trabajo que incluía lavar la ropa, cocinar, tejer, coser, planchar, bordar, limpiar la casa, cuidar el jardín, cuidar y dar de comer a las aves y siempre a un par de cerdos que estaban en la chanchera a veinte pasos de la casa, preparándose para el gran dia de fiesta familiar que era aquel en que se mataba un cerdo. Sus labores también incluían cernir la harina del trigo local y prepararla para ser mezclada con la harina importada que venía desde Guayaquil, para poder usarla el sábado para el pan que debía ser hecho el sábado y estar listo para el fin de semana y el resto de la semana. El sábado, por lo tanto era el dia mas atareado de la semana, ese dia era el de la panificación, el dia en que mi madre trabajaba quince a dieciséis horas seguidas, preparando la harina, amasando, preparando el horno, haciendo los diferentes tipos de panes (tarea en que yo le ayudaba mucho), esperando que el pan leudara lo suficiente, para luego meterlo al horno, esperar el tiempo necesario, sacarlo del horno y ponerlo en una gran batea de madera y taparlo con un mantel muy limpio, para que estuviera listo para ponerlo en la vitrina muy temprano el dia domingo, el dia de la feria, el dia que todo el mundo compraba su pan, el pan nuestro, el pan que nos daba la vida. Pero, eso no era todo, el domingo mi madre cocinaba casi toda la mañana, para que, al medio dia, al terminar la misa de las doce, los pobres que llamaban “comadrita” a mi madre, nunca se regresaran a sus casas sin haber probado un plato de comida preparado por sus manos, por sus manos llenas de callos, por esa manos que casi nunca descansaban, por esas manos que empezaban a mostrar los efectos de la artritis, pero que siempre estuvieron abiertas para los pobres. Pero eso no era todo, mi madre atendía a los enfermos, sus recetas caseras eran infalibles, ella se encargaba de curar a los niños que casi moribundos llegaban hacia ella en brazos de sus desesperados padres, y tres días después habían regresado casi desde el limbo, a alegrar las vidas de sus seres más queridos. Ella era curadora, era sabia, era SOLIDARIA…

Fue así como en el verano del año 1955, durante mis vacaciones del Seminario, conocí plenamente a mi madre, a esa heroína desconocida a la que nadie nunca le dio una medalla, a esa heroína que valía más que una brigada entera de primeros auxilios y que nunca esperó nada a cambio de lo que hacía por los demás. Ella se adelanto en muchos años a la Madre Teresa de Calcuta, cuando decía que uno solo vive una vez y que hay que hacer el bien, sin mirar a quien, en la primera oportunidad que tengas, porque esa oportunidad se ira y podría no volver. Fue en ese corto plazo de tres meses de vacaciones, que yo tuve muchos diálogos, uno a uno con mi madre, fue durante ese verano que yo tomé un curso intensivo de solidaridad humana, con la mejor maestra del mundo en esa materia, mi madre…


En mi próximo capítulo: DE VUELTA EN EL SEMINARIO

Sunday, April 10, 2011

ME GUSTA EL SEMINARIO

Pasaron las semanas y empezó a gustarme la vida del colegio, en particular la práctica de los deportes, especialmente el futbol. Como solo éramos 20 estudiantes, normalmente jugábamos con un jugador menos de cada lado, pero para hacer un partido con 22 jugadores, jugábamos con dos profesores, el padre Hidrobo, que era un buen deportista y profesor de educación física y con el Hermano Hernández (un seminarista de último año del Seminario Mayor) que era el profesor de Historia y Geografía. El futbol era el deporte que mas practicábamos, pero como parte del programa de educación física, el padre Hidrobo nos hacia jugar basquetbol y volibol. Nuestros partidos de futbol duraban una hora, con dos tiempos de treinta minutos cada uno y jugábamos cuatro días a la semana. Nuestra cancha era de tierra apisonada y tenía casi las medidas de una cancha reglamentaria, los arcos eran reglamentarios y las líneas de tiza bien trazadas a lo largo y ancho de la cancha. Uno de los profesores era normalmente el árbitro y su pito era respetado sin reclamos. Nos rotábamos en las posiciones en la cancha porque casi todos los chicos preferíamos ser delanteros, de modo que así no había razón para quejarse de no haber tenido la oportunidad de hacer goles. El padre Hidrobo era muchas veces jugador y entrenador a la vez, y se desempeñaba bien en ambos papeles. Hacia el fin del año escolar 1954-55, para ser preciso, en el mes de junio de 1955, Hidrobo había definido ya muy bien dos equipos donde no había suplentes El equipo A y el equipo B. Todos los estudiantes jugábamos, pero había un estudiante de apellido Basantes, a quien simplemente no le gustaba jugar ningún deporte, era un chico blanco, pecoso, de pelo negro, de una talla mediana para nuestra edad pero que no sentía ninguna atracción por el deporte, era un típico “come libros”, o “aniñado”, a quien había que obligarle a jugar y siempre lo hacía mal. La regla era que Basantes no pertenecía a ninguno de los dos equipos, sino a los dos, el primer tiempo al uno y el segundo al otro. Así equilibrábamos las fuerzas de los dos equipos, que por lo demás, tenían jugadores dispuestos a dejar la última gota de sudor en la cancha para que su equipo ganara el partido. Yo jugaba en el equipo B y al finalizar el año, me había ganado la posición de mediocampista, y como tal, defendía cuando era necesario y una vez recuperada la bola, la pasaba a los delanteros que siempre me tenían cerca para respaldar sus ataques. Me gustaba esa posición y desde ella hice algunos goles.
Por el basquetbol y el volibol nunca sentí el entusiasmo que sentí en el futbol, los practicaba porque había que jugar para cumplir con el programa de educación física, pero nunca me sentí demasiado motivado, parte de la justificación para esto era que mi talla estaba por debajo del promedio de los demás estudiantes, pero la realidad es que esos deportes en sí mismo no me inspiraban entusiasmo. Por eso, mi calificación en educación física solo fue de 17 al termino de mi primer año en el Seminario.
La combinación bien planeada de actividad física, y más precisamente de deporte y estudio daba al Seminario excelentes resultados. Eso probaba, hasta la saciedad, el principio latino de que la mente está sana cuando el cuerpo está sano (mens sana in corporae sana). El rendimiento académico de los estudiantes de nuestro colegio era por lo tanto muy alto, y el mío era, mejor que el promedio. El colegio me gustaba, me brindaba un ambiente muy equilibrado de disciplina, estudio, deporte y actividad espiritual. En cuanto a esta última, claro, estábamos en un instituto donde nos preparaban para ser sacerdotes y por lo mismo, las clases de religión, y las conferencias sobre el mismo tema eran parte sustantiva de nuestro plan de trabajo diario. Asistíamos a misa y comulgábamos todos los días. Nos confesábamos generalmente los domingos (después del dia de excursiones al campo), para que el confesor nos perdonara el pecado venial de habernos metido en un huerto de capulíes y haber tomado, sin autorización de su dueño, unos cuantos frutos de sus árboles, tal era nuestra sencillez, tal era nuestra ingenuidad, que todos, o casi todos hacíamos fila para confesar el mismo pecado.
Los tres meses de clases se fueron en un abrir y cerrar de ojos, en menos de lo que canta un gallo ya estaba por acabarse el año lectivo 1955-1956 y todos los estudiantes estábamos entusiasmados por volver a casa. Para mí era una vacación temprana, solo había estado en clases los tres últimos meses después de haber concluido el año lectivo en el Aguirre Abad de Guayaquil
Para fines de Julio salimos de vacaciones. No había visto a mis padres ni a ningún miembro de mi familia en todo ese tiempo, por primera vez en mi vida había estado alejado de mi familia por tanto tiempo, sin embargo, debo admitir que no recuerdo haber extrañado mayormente ese hecho. Viajé a Pallatanga un viernes en la tarde, a bordo de un tráiler halado por un jeep que llevaba mucha carga, (fue el único asiento disponible en un medio de transporte al que le sobraba la demanda), allí, por momentos llegue a pensar que yo saltaba sobre la carga como un grano de canguil en la olla canguilera, pero lo tomé como parte de la diversión del viaje. Después de tres horas de viaje, llegue con tanto polvo en la cara y en mi ropa que debe haber sido difícil conocerme. El jeep se detuvo frente a nuestra casa para permitirme que bajara del tráiler. Mi madre me recibió con enorme alegría, me abrazo y me beso muchas veces, como solo ella sabía hacerlo, con la ternura de una madre que amaba a su hijo, con ese amor de madre que fluye como el agua de una catarata y que te baña de dulzura, de alegría y de frescor. Nuestra conversación se centró en el Seminario, en los estudios, en mi estado de ánimo durante estos últimos tres meses. Mi felicidad era múltiple. Llegaba a mi casa, a mi hogar, a mis padres, a mis amigos, a mi ambiente, a mi clima, a lo que yo consideraba todo mío, y, además venia de disfrutar de un ambiente que me resultó enormemente grato y al que debía regresar después de tres meses de vacaciones para iniciar mi segundo año de clases. En poco tiempo puse a mi madre al dia en todo lo que concernía al colegio y a mi vida en el. Ella estaba radiante de felicidad. Poco tiempo después llego mi padre y lo pusimos al dia de nuestra conversación. También él se contagió de nuestra alegría. Para él, el "Milagro de El Tablón" seguía siendo el anuncio de que todo iría bien y de que Dios estaba conmigo y con nuestra familia, porque yo iba a ser un hombre dedicado a proclamar el Evangelio.
Olvidaba decir que entre las cosas nuevas que aprendí en los tres meses en el Seminario, fue a andar en bicicleta. Me gusto tanto que salía todos los domingos (dia libre para los estudiantes del Seminario) y me gastaba dos sucres (más o menos el cincuenta por ciento de mi mesada semanal), en cuatro horas de alquiler de este maravilloso vehículo. A mi madre le pareció muy peligroso lo que había hecho, pero admitió que era algo de lo que podría disfrutar en mis vacaciones, pues para entonces, ya había en Pallatanga un lugar donde se podían alquilar bicicletas. No hay duda que Pallatanga seguía, lenta pero seguramente, avanzando en el camino interminable de la civilización y la tecnología…
En mi próximo capítulo: DE VACACIONES ANTES DE VOLVER AL SEMINARIO

Friday, April 1, 2011

MI NUEVO COLEGIO

En pocos momentos más, mi padre y yo nos separamos. Lo vi partir por el largo callejón que conducía a la salida principal del colegio, yo me quede parado, con ganas de correr a abrazarle y decirle que lo extrañaría. Me quede allí , viéndolo caminar hacia la puerta, de vez en cuando él regresaba la mirada y con su mano derecha extendida se despedía de mi. Lo vi salir caminando por la puerta principal que un empleado del seminario se la abrió, lo vi doblar hacia la derecha, para dirigirse hacia el lugar donde tomaría un bus que le regresaría al Hotel Guayaquil, desde donde al dia siguiente viajaría en un camión hasta El Tablón, desde donde debía volver a cabalgar para viajar hasta Pallatanga.
Solo puedo tratar de adivinar los pensamientos de mi padre en el viaje de regreso: probablemente el estaba muy feliz porque su hijo quedaba en un buen colegio, pero es aun más probable que su felicidad fuera mayor porque en ese colegio su hijo se iba a preparar para ser un sacerdote. Probablemente en su mente ya sentía la sensación de de ver a su hijo subido a un púlpito y dando un sermón sobre la vida de Cristo, sobre las virtudes y la misericordia de la Virgen María, sobre la bondad de san José, y, claro, debe haber querido llegar pronto a casa para compartir con mi madre lo que había visto y oído en los tres últimos días. Me prometió que me escribiría cada semana y me pidió que le contestara siempre, y así lo hicimos. Mi madre, por su cuenta, debe haber estado muy ansiosa de hablar con mi padre sobre todo lo que había visto y oído, debe haber rezado muchos Rosarios por el bienestar de su hijo y pidiendo la bendición de Dios y de la Virgen para mí y para todos sus demás hijos.
Mientras tanto, yo empezaba una nueva vida. A las tres de la tarde del mismo dia de mi llegada al colegio, el Padre González me presento a mis compañeros. Lo hizo mientras estos estaban en su clase de latín dictada por el Padre Hibrobo. González golpeó la puerta del salón de clases y entró conmigo después de ser autorizado a entrar. Conmigo junto a él, se dirigió a los estudiantes para decirles que tenían un nuevo compañero, que yo venía de un colegio de Guayaquil y que me unía a ellos para el último trimestre del año escolar, que mi intención era unirme a este grupo de estudiantes para continuar en el seminario por los próximos cinco años y que pedía que me recibieran con un aplauso y con mucho cariño. Los estudiantes aplaudieron y casi todos sonreían. Supe desde ese momento que tendría amigos, que no iba a estar solo y que me gustaría el colegio.
A las cuatro de la tarde se terminaban las clases y los estudiantes salieron a las canchas, unos jugaban futbol, otros basquetbol, otros volibol, me incline por acercarme a los que jugaban futbol, y ellos me invitaron a unirme. Así lo hice aunque no tenía los zapatos adecuados. Me gusto el poder patear la pelota con los nuevos compañeros. A las cinco y cuarenta y cinco de la tarde terminamos el boleo y seguí a los compañeros hacia el piso superior donde todos se lavaban y se preparaban para la cena que se servía a las seis y media. Todo funcionaba casi con un cronómetro, los estudiantes sabían exactamente cuáles eran sus horarios y nadie discutía si esto era muy temprano, o aquello era muy tarde. Para mí esto era nuevo, pero era muy simpático. En nuestra casa, en Pallatanga también había disciplina, pero esta era menos cronométrica, era un poco más flexible. Para las comidas, por ejemplo, era la voz de mi mama la que nos hacía saber cuando había que sentarse en la mesa, su lema era “a comer y a misa una sola vez se avisa”. Sentí que en el Seminario iba a tener que aprender a tener mucha autodisciplina, y mi razonamiento inmediato fue, si estos chicos lo hacen, porqué no yo?
Sentí que me iba a gustar todo esto. Antes de empezar la comida el padre superior dijo una corta oración pidiendo la bendición de Dios para los alimentos que nos íbamos a servir y para la gente que los había preparado, los estudiantes la siguieron con atención y al final todos dijeron “amen” y empezaron a comer sin ansiedad, con disciplina, con respeto. Fue una comida excelente.
Disfruté mucho de la lectura que acompañó a la comida. Supe entonces que era una costumbre invariable de que durante las comidas, excepto el desayuno, tenía que haber una lectura amena, una lectura a cargo de uno de los estudiantes, que se rotaban en orden alfabético. Se leían los cuentos de los hermanos Grimm, que a los estudiantes les mantenía atentos y disciplinados. El comedor era un salón muy grande donde se había colocado mesas suficientes para todos los estudiantes, y donde a la cabecera estaba una mesa grande donde comían el rector y los demás miembros del personal académico. Las mesas estaban cubiertas de un mantel blanco y con un arreglo previo que daba la sensación de orden, de disciplina y de aseo, casi que de distinción. La comida consistía de cuatro platos; una entrada, una sopa, un plato principal y un postre que podía ser una fruta, pero además, siempre se servía pan y había mantequilla en un platito al centro de la mesa. Los estudiantes se encargaban, así mismo, por turno, de servir a sus compañeros y levantar los platos después de las comidas. A las cocineras nunca se las veía en el comedor durante las comidas.
Después de la cena hubo unos quince minutos de descanso que los estudiantes aprovechamos para reunirnos en el patio que separaba el comedor de los salones de clase, luego de lo cual, según era la costumbre creada por la disciplina, los estudiantes podían ir al salón de clases a repasar los libros o las notas tomadas durante las clases. No había deberes, pues todos los trabajos se hacían durante las clases. A las nueve de la noche todo el mundo debía estar en el dormitorio y empezando a dormir, pues nos despertaban a las cinco y media de la mañana para ir a las duchas y estar listos para asistir a la misa a las seis y media. En Riobamba hay que ser muy disciplinado para tomar una ducha todos los días, y nosotros lo hacíamos, no tanto porque nos gustara hacerlo, cuanto porque era parte importante del ritual de la mañana, pero además, era muy saludable. A las siete y media tomábamos el desayuno y a las ocho en punto comenzaba la primera clase.
Los horarios estrictos me causaron cierto grado de incomodidad al principio, pero pronto me acostumbré a ellos.
Mi primer dia de clases fue muy especial, las materias normales del primer año de secundaria no eran un problema para mí, porque eran una simple repetición de lo que ya había visto y aprendido en mi primer año en el Colegio Aguirre Abad, pero las materias que me tomaron totalmente de nuevo fueron las de idiomas. En el Colegio se enseñaban cuatro idiomas aparte del castellano; latín, griego, francés e inglés. El inglés no era un problema porque ya lo había tomado antes, pero de francés y de los idiomas antiguos yo no tenía ni la más mínima idea, así que me tocó empezar de cero, cuando los demás estudiantes ya habían tomado seis meses de clases, por tanto yo tenía un enorme desventaja. Tuve que dedicar las horas de estudio de la noche, después de la cena, para tratar de nivelarme con el resto de la clase. El profesor de francés y griego era el padre González, mientras que el profesor de latín era el padre Hidrobo. Con el latín tuve algo de problema al principio, pero luego empecé a asimilar muy bien la relación que con el castellano tenía el idioma de los romanos, y pude, después de las primeras seis semanas, llegar a equipararme al nivel de aprendizaje del resto de la clase. Con el idioma francés no tuve ningún problema y luego de cinco semanas empecé a tomarle el gusto a este idioma que tiene muchas raíces y muchas palabras parecidas al castellano, con el adicional de que al haber asimilado rápidamente la pronunciación del padre González, pronto el me tomo como ejemplo de como debían pronunciarse ciertas palabras de ese idioma, y en particular aquellas que tenían la letra R que en el francés es muy gutural. Fue menos difícil de lo que yo había creído al principio. El griego era otra cosa, por más que puse todo mi empeño en tomarle el hilo, no pude llegar, al final de ese año escolar al nivel de los demás estudiantes.
En mi próximo capítulo: ME GUSTA EL SEMINARIO

Friday, March 25, 2011

EN PRESENCIA DEL OBISPO

Mi padre y yo compartimos la cama esa noche, la cama era pequeña, apenas cabíamos los dos, la noche era fría, de un frío helado y eso me puso a pensar en lo que me esperaba de allí en adelante, pero niño al fin, pronto me dormí, abrigado por las pesadas cobijas de lana, dormí plácidamente. Nos levantamos como a eso de las siete de la mañana y pasamos al frente del hotel a desayunar, fue un desayuno abundante, con humitas calientes y café. A las ocho de la mañana estábamos listos para nuestra cita en la Curia, con el Obispo Proaño.

A las nueve en punto fuimos recibidos por Monseñor Proaño, él era un hombre de estatura mediana, probablemente de un metro setenta y unas ciento ochenta libras, de pelo negro empezando a mostrar canas, de frente no muy amplia, de ojos cafés, nariz aguileña, herencia de sus antepasados aborígenes, rostro bondadoso, de pensamiento claro y hablar pausado. Besamos su anillo episcopal y nos inclinamos para recibir su bendición. Poco después nos hizo pasar a una pequeña salita junto a su oficina donde hablamos por cerca de treinta minutos.

No recuerdo el detalle de nuestra conversación, pero el contexto de ella estaba centrado en su idea de formar hombres entregados a Dios y a los pobres, entregados a la justicia y la igualdad, a la solidaridad y al amor al prójimo. Confieso que a mi edad de doce años, esos conceptos eran tan extraños a mi como la ciencia ficción o la exploración submarina, pero hubieron temas que me interesaron mucho en nuestra conversación, entre ellos, la calidad de las instalaciones físicas del Seminario; las duchas con agua caliente; las canchas de voleibol, de futbol y de basquetbol; las clases de idiomas; los cómodos dormitorios con camas individuales; la comida nutritiva a horas pre-determinadas; las lecturas durante las comidas; los paseos al campo en los días sábados, y las clases de educación física, entre otras cosas que me interesaban más que el concepto para mi casi etéreo de la “vocación sacerdotal”, el amor a Dios y la “piedad”. Nuestra reunión duró aproximadamente media hora, me impresionó positivamente el obispo.

Al final de la reunión, el prelado me dio la bienvenida al Seminario, nos dijo que deberíamos ir a él antes del mediodía y hablar con el Padre Superior, quién me asignaría un espacio en el dormitorio y un lugar para poner mi vieja maletita de madera, conteniendo mis ropas y otros escasos efectos personales. Al despedirnos, mi padre respetuosamente se arrodilló delante del obispo Proaño y tomándole su mano derecha volvió a besar su anillo. Yo hice lo mismo, como un reflejo de lo que había visto hacer a mi padre. Esta era la primera vez que yo había estado frente a un obispo de la iglesia.

Muchos años después, ya en la década de los setenta, cuando Proaño se convirtió en un icono de las nuevas corrientes sociales de la Iglesia, en el adalid de la Iglesia Nueva, de una Iglesia Ecuatoriana que por fin se empezaba a emancipar de la tutela de la oligarquía criolla y el era objeto de fuertes ataques de cierta prensa que aun defendía a los herederos de los conquistadores, a los que se apropiaron de la tierra a sangre y fuego, a los que convenientemente aun creían en el derecho divino a reinar sobre la tierra y los hombre que la habitaban, volví a saber del Obispo Proaño, y empecé simpatizar con él. Hoy, casi sesenta años después, ya nadie discute que la obra de Proaño, su obra social de entonces, y en particular su programa de Escuelas Radiofónicas fue el pionero de la emancipación de los indígenas, aunque estos hasta hoy siguen luchando por sus derechos, pero ahora de una forma más organizada, de una forma más consciente.

Antes del mediodía mi padre y yo llegamos al Seminario Menor La Dolorosa, al sur de la ciudad de Riobamba, cerca de la carretera empedrada que conducía a Chambo, y a sólo unos doscientos metros de la cárcel de Riobamba, un edificio deprimente, de una sola planta, que ocupaba casi una manzana, en lo que hasta entonces era el límite sur de la ciudad. Al pasar por este edificio mi padre me hizo un breve comentario de que allí él había estado recluido por cerca de dos años, antes de que yo naciera, al final de la década de los 30. Le cogí fastidio a este lugar, y desde entonces, cada vez que pasaba por allí, lo hacía sin mirarlo. Me causaba desprecio este sitio desde que mi madre nos contó lo mucho que sufrieron ella y mi padre cuando él fue recluido injustamente allí.

Al llegar al Seminario, vi un edificio imponente, de tres pisos, de unos cincuenta metros de largo, con dos alas laterales que formaban una letra C de líneas rectas, con la abertura de la C hacia el lado de atrás del edificio. Las aulas del colegio estaban en el piso inferior, igual que la cocina y el comedor, mientras que la oficina del Rectorado, los dormitorios de los profesores y de los estudiantes, las duchas y los servicios higiénicos estaban en el segundo y tercer piso. El edificio había sido hecho para albergar un máximo de ciento cincuenta estudiantes, pero en la fecha en que yo llegué sólo había diecinueve (porque el colegio recién había comenzado a operar ese año), que conmigo se completaron veinte. Los veinte dormíamos en un solo dormitorio, en dos filas de diez camas cada una.

Cuando el Padre Superior nos recibió en su oficina del segundo piso, era la una de la tarde. El era un sacerdote muy corpulento, debe haber medido 1.80M y pesado unas doscientas veinte libras, su rostro era redondo, muy blanco, que con el frío de Riobamba se había vuelto rojizo, tenía una abundante pero bien afeitada barba, su cabeza empezaba a mostrar signos de calvicie y su escaso pelo comenzaba a hacerse gris hacia el lado de las sienes. Debe haber tenido entre cuarenta y cinco y cincuenta años. Tenía un cuello muy grueso que le daba la apariencia de un hombre muy fuerte. Su presencia infundía respeto, su palabra era firme, hablaba con un acento español muy pronunciado que le agregaba cierto grado de autoridad a sus palabras. Se disculpó por no habernos podido recibir al mediodía, y a manera de explicación nos dijo que a la hora que llegamos, los estudiantes y el cuerpo docente estaban en el almuerzo. El estaba muy bien enterado de mi caso, había hablado con el obispo y también con el cura de mi pueblo, nada de lo que le decíamos parecía resultarle nuevo.

“Disculpadme por haberos hecho esperar” comenzó diciendo el padre González, “pero aquí me tenéis para daros la bienvenida a nuestro colegio”, agregó. “Vosotros habéis viajado mucho y debéis estar cansados y hambrientos, así que os voy a convidar a almorzar y mientras coméis hablamos de la presencia de Rafael aquí y de su futuro como estudiante”. Mi padre hizo una señal, o quiso decir que no nos importaba el hambre, pero ya González nos guiaba al comedor y pedía a las empleadas de la cocina que nos sirvieran algo de comer. Fue una gran comida, preludio de la que más adelante seria mi comida diaria.

“Rafael, sois bienvenido a nuestro colegio” dijo el padre González y agregó: “os va a gustar y lo vais a disfrutar, pero hay una sola condición que debéis cumplir siempre: debéis tener buena conducta, y buen aprovechamiento, porque somos estrictos principalmente en esas dos partes de vuestra vida en el colegio”. “Si sois un buen deportista, os felicito, eso es bueno para el desarrollo intelectual, pero no es una pre-condición ni os va a agregar ni disminuir puntos en nuestra evaluación escolar”. A usted don José, debo decirle que su hijo estará aquí muy bien tratado, será uno más de los estudiantes de nuestro seminario y recibirá el mismo trato que damos a los demás estudiantes. Este periodo de adaptación, de dos meses y medio, debe darle a vuestro hijo una buena idea de lo que le espera en el resto de la secundaria”, y agregó: “dejadlo hoy mismo con nosotros, Rafael será un miembro más de nuestra familia, no debéis preocuparos, el estará muy bien con nosotros. Después de dos días conocerá a todos los estudiantes y se hará amigo de todos ellos. Terminamos el almuerzo y el padre González nos invitó a conocer el colegio. Nos dio un tour por todo el edificio, nos mostro los amplios y cómodos salones de clase, el dormitorio, las duchas, la iglesia que quedaba junto y pegada al colegio, nos mostró las canchas de vóley, de futbol, de basquetbol y al terminar el paseo se dirigió a mi padre y le dijo: “bueno esta es la casa donde vuestro hijo va a vivir los próximos dos o tres meses y esperamos que viva los próximos cinco años escolares” ahora debéis separaros porque Rafael debe ser presentado a sus compañeros de clase.

MI padre estaba abrumado por todo lo que había visto y oído, debe haber estado satisfecho, muy satisfecho de todo, pero aun así, su rostro mostraba algo de ansiedad y de pena porque debíamos separarnos.

En mi próximo capítulo: MI NUEVO COLEGIO